Sobre la gracia del amar
Amar No es tan triste este destino de amar. Ya mi pecho quisiera inundar este mundo azaroso de colores y poemas en cada árbol, caerán aún así a mis pétalos los heraldos negros entre la niebla que azotarán de melancolía las crisálidas de mi libreta Pero tampoco es tan triste este destino de andar soñando y acariciando sendas de espinas pues tanto podría ser el dolor, mas nunca iguala ni es tan glorioso A dormir entre mis propios brazos, asir mi mano, luchar, y al ocaso ver que los capullos revolotean ya por el jardín. Podrá a veces ser triste sentir el pecho nublado sin responder a la razón, profeta de tontas tragedias. Pero al cubrir el velo de la noche mi cuerpo yaciendo en el lecho sabré yo mi verdadero valor mis bellos tormentos, mis frutas para compartir. Estaré triste, con esta alma frágil, pero hasta preso de la mustia no dejaré de amar. –––––––––––––––––– Este poema que es de gran sentimiento para mí, retrata el pecho del que quiere sin falta. El acto de amar se...